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Entrevistas

Calónico: “Éramos un grupo de amigos jugando al béisbol”

Foto: Facundo Garvizu

Calónico: “Éramos un grupo de amigos jugando al béisbol”

A muy pocos días para el debut de Los Gauchos en Lima 2019 (será el 29 de julio vs. Canadá), recordamos la historia. La última vez que vimos a un representativo nacional en el diamante de un Panamericano fue en 1995, cuando los Juegos se disputaron en nuestro país, en la ciudad de Mar del Plata. En esa ocasión, Argentina consiguió 159 medallas, y aunque el béisbol no logró una de ellas, su actuación fue histórica y nos puso en el mapa mundial. Bajo las órdenes de Carlos Siffredi, Argentina ganó cuatro partidos, obtuvo su primera victoria en la historia ante una novena estadounidense, derrotó en dos ocasiones al potente Puerto Rico y finalizó en la quinta posición.

Juan Manuel Calónico, de apenas 21 años en esos Panamericanos, fue el receptor titular en la victoria contra Estados Unidos, además de estar detrás del plato en varios juegos de Mar del Plata 1995. En estos días, y con motivo de la inminente llegada de la cita limeña, BéisbolArgentino.com.ar se puso en contacto con popular Chiri para conocer más sobre lo que pasó hace 24 años y que cambió para siempre la historia de la pelota argentina.

– Juan Manuel, ¿en qué año te uniste al grupo de jugadores que se estaba preparando para Mar del Plata 1995?

– Con la Selección pasé por todas las categorías: desde pony, juvenil, hasta llegar a la mayor. El proceso de los Panamericanos lo inicie en 1992. En ese año Carlos Siffredi me vio jugar y me invitó a los entrenamientos. En 1993 participé en el Pre-Mundial de Nicaragua. Se podría decir que en ese torneo se produjo un recambio, ya que agregaron chicos de la categoría ´73 y ´74.

– Fuiste parte del proceso que luego se conoció como Cinco años por una medalla

– Sí, se había puesto en marcha en marcha en 1990 por iniciativa de la Federación Argentina de Béisbol y Carlos Siffredi estaba a cargo. Cuando me integré al grupo se produjo una especie de decantación en el plantel, algunos de los jugadores de más experiencia dejaron de ser parte e ingresamos varios jóvenes. Muchos de los que terminamos en el roster de los Juegos surgimos de ese proceso. Sin dudas, hubo un antes y un después de la implementación de ese plan de trabajo.

– ¿Cómo eran los entrenamientos?

– Hasta el Pre-Mundial de 1993 entrenábamos lo normal para esos momentos, es decir, dos veces por semana, pero en ese torneo recibimos un baño de realidad de parte de los rivales y nos dimos cuenta para lo que teníamos que empezar a prepararnos. Cuando regresamos, los entrenamientos empezaron a ser de cinco horas diarias, todos los días. Los que estábamos en Buenos Aires lo hacíamos en el Cenard, los de Córdoba, Rosario y Salta hacían lo mismo en sus clubes. En 1994, el entrenador le pidió a los chicos de las provincias que se mudaran a Buenos Aires para tenernos a todos juntos. Vivíamos y entrenábamos en el Cenard, hacíamos triple turno: físico a la mañana, béisbol a la tarde y gimnasio a la noche. Los entrenadores nos perfeccionaban técnicamente, nos mostraban videos, nos daban indicaciones. En mi caso, me entrenaba con los catchers. Los coaches me decían qué tenía que hacer, cómo hacerlo y de qué manera, y hasta que no lograba mi objetivo no dejaba de hacer el ejercicio determinado. Con los infielders pasaba igual. Les tiraban mil rollings diarios para fildear. En la semana no se podía salir a la noche porque al otro día teníamos que entrenar a las 8 de la mañana. No era militar pero sí muy estricto. Además, si vos no cumplías con lo que te pedían no tenías la beca deportiva. Era a rajatabla.

Calónico (centro), junto a Javier Itovich y Mariano Cádiz (Crédito: Facebook Panamericanos 1995 Baseball)

– Carlos Siffredi, el manager, fue el padre fue de la criatura, ¿es así?

– Sí, era la cabeza de todo, él tenía todo diagramado: entrenamientos, días de descanso, comidas, amistosos, giras, viajes, todo. Pero no era solamente él, se supo rodear de un excelente staff de entrenadores. Lo acompañaban Mario Corba, Eduardo Breque, César Torres, Carlos Elorza y el cubano Eduardo Martín. En la planificación participaban todos. Carlos tenía la virtud de dejar que cada uno trabajase en lo suyo, él no se metía. Por ejemplo: no se entrometía en la preparación física nuestra que estaba a cargo del profe Torres, ni tampoco en las sesiones de pitcheo que estaban a cargo de Mario Corba. Confiaba plenamente en su staff. Además, tuvimos la suerte de que el Cenard, en esos años, estaba a la altura de los mejores centros deportivos de alto rendimiento del mundo, había especialistas que controlaban nuestro peso, nuestra masa corporal, densidad ósea. Nada quedaba librado al azar.

– En los años previos al Panamericano viajaron mucho. ¿Cómo eran esas giras de preparación?

– En aquel entonces, casi todos los equipos de América hacían el calendario de la IBA (NdeR: International Baseball Association) y la COPABE. Viajamos a Cuba, Colombia, México, Venezuela, Estados Unidos, Sudáfrica y Nicaragua. Como todas las selecciones jugábamos casi los mismos torneos, nos conocíamos bien. Nuestros clásicos eran Guatemala y las Antillas Holandesas, con los cuales a veces ganábamos, otras perdíamos, en alguna ocasión les sacábamos diez carreras de ventaja, en otras lo hacían ellos. Y también estaban las potencias de siempre, como Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, que al principio nos ganaban por mucha diferencia pero a medida que fuimos mejorando nuestro nivel comenzamos a competir con ellos y a darles trabajo para ganarnos. Al final, algún partido les sacábamos. Esas giras nos dieron el roce que nos faltaba para dar el salto de calidad.


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– ¿En qué momento se dieron cuenta que estaban listos para el torneo?

– Fue en enero de 1995, cuando viajamos a Homestead, Estados Unidos, que por ese entonces era lugar del Spring Training de los Bravos de Atlanta. Ahí jugamos varios amistosos con equipos universitarios y con equipos profesionales de ligas menores de doble A y AAA. A nuestros rivales les costaba ganarnos y a su vez, nosotros comenzamos a ganar algunos encuentros. Faltando pocas semanas para los Juegos fuimos a Pre-Panamericano en Brasil, en donde nos enfrentamos con los equipos que iban a participar del torneo y nuevamente tuvimos resultados positivos. Ganamos un par de partidos, perdimos otros, pero siempre peleando. En ese momento nos dimos cuenta de que “ya estábamos”, que le podíamos ganar a cualquiera. 

– ¿Cómo se llevaban entre ustedes?

Éramos un grupo de amigos jugando al béisbol. En aquel momento había jugadores de experiencia como Chiquitín Ramón o Pablo Stortoni, y otro grupo de más jóvenes en el cual estaba yo, Mariano Cádiz, Javier Itovich y otros. Siempre tuvimos la mejor relación, con el mayor de los respetos. Particularmente nunca vi una pelea. Pudo haber discusiones, como en cualquier plantel, pero peleas nunca. Pasaron los años y todavía seguimos siendo amigos. El año pasado nos juntamos en Salta a jugar el torneo de mayores de 40 y parecía que había pasado una semana del Panamericano. Hoy en día tenemos un grupo de WhatsApp en donde estamos todos.

– El primer juego de los Panamericanos fue debut con una victoria histórica contra los Estados Unidos. ¿Qué recordás de aquel momento?

– Recuerdo que me impactó el marco de público que había en el Estadio Nacional. Yo pensaba que iban a ser cuatro gatos mirando el juego y pasó todo lo contrario. Cuando llegamos había un kilómetro de cola de autos para entrar, la gente había llenando las tres tribunas y el ambiente era espectacular. Te lo estoy contando y se me pone la piel de gallina. Antes del comienzo estábamos todos tensionados, nerviosos, y después pasó lo que pasó. Fue increíble haberle ganado por primera vez en la historia Estados Unidos y de la manera en que lo hicimos, jugando un gran béisbol, tal como lo veníamos haciendo en las giras previas. Lisandro Corba lanzó excelente, bateamos bien, hicimos buena defensa y el Hormiga Rodríguez cerró el partido de manera magistral. Fue alucinante debutar y ganar ante nuestro público.

– Luego de la primera victoria del torneo, todo el mundo comenzó a hablar de ustedes…

-Sí, así es. Tuvimos la suerte de que el torneo de béisbol arrancó antes de la inauguración de los Juegos, por eso nuestra victoria tuvo tanta repercusión en los medios de comunicación. Aparecimos en diarios, la televisión, hasta salimos en la revista “El Gráfico”. Igualmente, nosotros estábamos concentrados en el Colegio Militar del Palomar y estábamos aislados, nos enterábamos de muy poco.

Los festejos luego de la victoria ante Estados Unidos (Crédito: Facebook Panamericanos 1995 Baseball)

– Hasta Mario Pergolini hinchaba por la Selección de béisbol…

– Sí, la organización de los Juegos le había puesto “padrinos” a los equipos de los deportes menos conocidos y el nuestro era Pergolini, que fue con su hijo al partido inaugural. Eso también sumó a la difusión de nuestro triunfo.

– Y la victoria en el debut no los relajó. Al día siguiente les ganaron a Puerto Rico, otra potencia.

– Exacto, después del partido contra Estados Unidos festejamos mucho pero sabíamos que era recién el comienzo y al día siguiente teníamos que jugar contra Puerto Rico. No nos podíamos relajar. Sabíamos que había que poner en cinco partidos del torneo todo lo que habíamos hecho durante los cinco años de preparación. En cuanto al choque con ellos, fue parejo. A Puerto Rico lo conocíamos bien y teníamos buen scouting. Angueto Comoglio lanzó muy bien, hicimos un partido prolijo y otra vez el Hormiga Rodríguez cerró el juego.

– Pasaron la primer ronda y tocaba enfrentar a Cuba, que contaba con un roster increíble con jugadores como Víctor Mesa, Omar Linares y Lourdes Gourriel. ¿Cómo fue enfrentarlos?

– Ese partido lo perdimos 10-0. En esa Selección cubana estaban los mejores. Ellos iban a todos los torneos a los que íbamos nosotros y nos alojábamos en los mismos hoteles, por lo que con la mayoría éramos amigos, ellos venían a nuestras habitaciones a charlar, compartíamos una gaseosa y ese tipo de cosas. Eran muy humildes todos.

“Sabíamos que había que volcar en cinco partidos de los Juegos todo lo que habíamos hecho durante los cinco años de preparación”

– Terminaron quintos en el Panamericano, ¿qué balance hicieron de su actuación?

–  Sentimos que cumplimos los objetivos que nos planteamos. Lo que más ansiábamos era pasar a la segunda fase del torneo y lo hicimos. Terminamos con cuatro victorias y cinco derrotas, y siendo el quinto mejor equipo del continente. Le habíamos ganado a Estados Unidos en el debut y dos veces a Puerto Rico. Quedamos súper conformes con nuestra actuación, y hoy todavía estamos asombrados de lo que hicimos en aquel momento. Igualmente, siempre tendremos la duda de saber, ¿qué hubiese pasado si no se sumaban Nicaragua y Puerto Rico al certamen? En teoría, ambos países no iban a estar pero terminaron jugando. Y a la postre terminaron saliendo segundo y tercero, respectivamente.

– ¿Con qué recuerdo de Mar del Plata 1995 te quedás?

– Con mis amigos, a quienes los voy a tener para toda la vida. Y beisbolísticamente hablando, con la victoria ante Estados Unidos y el ponche que significó el out número 27 del partido. Después de haber estado entrenando cinco años, fue una satisfacción grandísima.  Si después de ese juego alguien me decía que ahí terminaba el torneo, yo le daba la mano y me iba a casa.

– ¿Te acordás de la jugada de ese último out?

– Claro, eso no se va a borrar nunca de la memoria. El Hormiga Rodríguez estaba en lomita, él tiraba uno, dos y tres, es decir, recta, curva y un lanzamiento que solo tiraba él. A mí me pasaban la selección de pitcheos desde el dugout por el scouting que teníamos. El último bateador tenía dos strikes y me indicaron el lanzamiento tres. Me acuerdo como si fuera hoy. Creo que salí corriendo antes de agarrar la bola, ja.

– Tuvieron que pasar 24 años para que el béisbol argentino vuelva a un Panamericano. ¿Qué sensaciones y expectativas tenés con la inminente participación de los Gauchos?

– Con los muchachos del ´95 tenemos una ansiedad increíble con Lima 2019, queremos ayudar a los jugadores, pero también somos respetuosos de sus tiempos y la preparación. Nosotros queremos saber a qué jugadores van a enfrentar ellos, también cómo van a jugar su rivales, queremos saber todo. En cuanto al plantel que nos va a representar, pienso que están todos los que tenían que estar están. Por suerte se pudo recuperar a Fede Tanco. Estoy muy conforme con la preparación que realizaron, todo lo que podían hacer lo hicieron. No tienen que envidiarle nada ni a Canadá, ni a Cuba, ni a Colombia. Ya lo demostraron en las giras de República Dominicana y Arizona, tienen las condiciones para ganar. Por experiencia propia, pienso que es fundamental que compitan al nivel de pitcheo que van a enfrentar en el torneo antes de llegar a Lima. Vos podés entrenar 24 horas por día, pero si te parás frente a un rival que te tira a 95 mph y no enfrentaste nunca esa velocidad, no la vas a batear. En tres o cuatro partidos, cuando ya hiciste el ajuste, se te pasó el torneo. Por eso mismo, tiene mucha importancia la gira de Dominicana que van a hacer antes de que comience el Panamericano. También será vital que en el primer juego se saquen los nervios rápido y pasen a disfrutar de la situación de estar participando de un certamen de tal magnitud. Ellos pueden, tienen que creérsela y no apichonarse.

El grupo que jugó el Panamericano del ´95 se reunió el año pasado, en Salta, para un torneo de mayores.

Desde 2015 escribo en la web española www.sportsmadeinusa.com, en 2017 comencé a escribir “Pitcheos Salvajes” (www.beisbolmlb.com). Colaboro en los podcasts “Dugout Rioplatense” y "La Lata de Maíz". Participo en "Diamante Albiceleste" con la columna de MLB. Administrador de “Béisbol Argentino.com.ar"

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